El precio oculto de ser una persona con muchos talentos
¿Y si el problema no fuera la falta de talento... sino la falta de enfoque?
Durante años pensé que, para crecer, necesitaba seguir aprendiendo.
Un curso más.
Una certificación más.
Un nuevo proyecto.
Otra idea.
Hasta que comprendí que mi mayor obstáculo no era la falta de conocimiento.
Era la dispersión.
Siempre he sido una persona curiosa. Me apasiona aprender, crear y emprender. A lo largo de mi vida trabajé en el sector financiero, construí una empresa de viajes, viví en diferentes países, escribí un libro y me formé en distintas disciplinas relacionadas con el desarrollo humano.
Durante mucho tiempo pensé que esa diversidad era mi mayor fortaleza.
Hoy sigo creyendo que lo es.
Pero también entendí que tener muchos talentos no sirve de mucho si no existe la claridad para enfocarlos en una misma dirección.
Con los años descubrí que el talento, por sí solo, no construye resultados.
Lo que los construye es la capacidad de permanecer.
Permanecer cuando aparece una nueva idea.
Permanecer cuando otra oportunidad parece más atractiva.
Permanecer el tiempo suficiente para que un proyecto eche raíces.
Creo que muchas personas vivimos algo parecido.
No nos falta capacidad.
No nos faltan ideas.
No nos falta preparación.
Lo que nos falta es enfoque.
Y cuando no hay enfoque, la energía se divide, el tiempo se dispersa y los resultados tardan mucho más en llegar.
¿Cómo saber si la dispersión está frenando tu crecimiento?
Comienzas proyectos con entusiasmo, pero pocos llegan a consolidarse.
Cambias de estrategia antes de darle tiempo para dar resultados.
Siempre aparece una nueva idea que parece más emocionante que la anterior.
Trabajas mucho, pero sientes que avanzas poco.
Te cuesta explicar, con claridad, cuál es el propósito principal de lo que haces.
Si te identificaste con varios de estos puntos, no significa que tengas menos talento.
Tal vez significa que ha llegado el momento de darle una dirección a todo ese potencial.
Hoy sigo disfrutando aprender.
Eso no ha cambiado.
Lo que cambió fue mi manera de elegir.
Comprendí que no necesito hacer más cosas para sentir que estoy creciendo. Necesito hacer mejor aquello que realmente está alineado con mi propósito.
Porque cuando lo que haces refleja quién eres, ayuda a otras personas y además te permite construir una vida sostenible, deja de ser un proyecto más.
Se convierte en tu camino.
Y quizá el mayor aprendizaje que me ha regalado esta etapa de mi vida es este:
No siempre nos falta talento. Muchas veces lo que nos falta es la claridad para enfocarlo.


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