La nueva ola de los “coaches de vida”

 

Nunca imaginé que a mis casi 60 años iba a entrar a una mentoría de negocios rodeada de mujeres de 28, 33 o 35 años que hoy se presentan en redes sociales como coaches de vida, mentoras o guías de transformación.

Muchas tienen miles de seguidores.
Hablan de calma, coherencia, abundancia, autenticidad y sanación.

Pero luego entro cada lunes a las sesiones grupales de esta mentoría… y escucho otra realidad.

Escucho mujeres profundamente desconectadas de sí mismas.
Desbordadas emocionalmente.
Sin estructura interna.
Sin madurez suficiente para sostener muchas de las cosas que enseñan.

Y entonces me hago una pregunta incómoda:

¿En qué momento comenzamos a confundir visibilidad con sabiduría?

Porque una cosa es aprender herramientas.
Otra muy distinta es haber atravesado la vida.

No estoy diciendo que una persona joven no pueda enseñar. Claro que puede.
La edad no garantiza conciencia.
Pero sí creo profundamente que hay procesos humanos que no se pueden fingir.

Hay dolores que todavía no han vivido.
Hay pérdidas que aún no han atravesado.
Hay etapas completas de vida que ni siquiera han comenzado a entender.

Desde el autoconocimiento y la numerología he aprendido algo muy claro: muchas personas viven desde sus máscaras, sus programas inconscientes, sus desarmonizaciones y sus heridas… no desde su verdadera esencia.

Las redes sociales se han convertido en el escenario perfecto para sostener esas máscaras.

Hoy cualquiera puede parecer iluminado.
Cualquiera puede parecer estable.
Cualquiera puede parecer abundante.
Cualquiera puede parecer coherente.

Pero sostener una vida coherente fuera de cámara… eso ya es otra historia.

Y aquí es donde siento que estamos entrando en una época peligrosa.

Porque hay personas profundamente vulnerables buscando ayuda emocional, espiritual y humana… siendo guiadas por otras personas que todavía no logran sostenerse a sí mismas.

Veo discursos de amor propio en personas que viven desde la validación constante.
Veo mensajes de abundancia en personas financieramente desordenadas.
Veo consejos sobre relaciones en personas incapaces de construir vínculos sanos.
Veo mentorías de propósito en personas que todavía no saben quiénes son cuando dejan de producir contenido.

Y no escribo esto desde superioridad. Lo escribo desde preocupación.

Porque el desarrollo personal se volvió industria. Y dentro de esa industria, la imagen comenzó a pesar más que la profundidad.

Por eso creo que necesitamos volver a valorar algo que hoy parece pasado de moda: la madurez emocional, la experiencia vivida y la coherencia silenciosa.

No todo el que tiene seguidores está preparado para guiar.
Y no toda persona que habla bonito ha aprendido realmente a sostener la vida.

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